lunes, 1 de agosto de 2011

JMJ 2011 (4)

Muy Buenas blogeros, como vereís yo sigo con mi recta final de la JMJ y he encontrado esta experiencia en internet, es un poco larga como podéis ver, pero, os lo digo enserio, es muy interesante, yo me la he leído y creo que una experiencia tan personal nos vendrá bien a todos para darnos cuenta de que la JMJ es para todo tipo de gente. Que disfrutéis. La Paz de Cristo.


Mi experiencia como voluntaria JMJ en Zaragoza” por Vicky Baeyens

Iba a empezar diciendo que la semana del 16 al 23 de diciembre de este año que dejamos ha sido muy especial, por la llegada a nuestra diócesis de la Cruz y el Icono que Juan Pablo II nos regaló a los jóvenes; pero pensándolo bien, este tiempo especial se remonta a meses atrás, cuando Jorge y yo decidimos hacernos voluntarios para las JMJ en la diócesis, y empezó nuestro recorrido de formación y de convivencia con los demás voluntarios.
He tenido la suerte de participar en varios eventos y JMJ tanto con Juan Pablo II como con su sucesor, Benedicto XVI: JMJ París ’97, UNIV’98 Roma, Cuatro Vientos ’03, JMJ Colonia ’05, Jornada de las Familias en Valencia ’06, Lourdes ’08…, experiencias todas que me han aportado mucho, tanto desde el punto de vista espiritual como humano. Pero me faltaba algo: tener la experiencia de vivir estas ocasiones “desde dentro”. Me dije: – “Vicky, ya es hora de dar, de estar al otro lado, de acoger a quienes, como tú hace unos años, se recorren el mundo para encontrarse con Jesucristo”.
Porque esto en el fondo es lo que han significado para mí todos estos encuentros: encontrarme de manera especial con Jesucristo. Considero una gran gracia el que nunca me haya faltado el don de la fe, desde pequeña, viviéndolo en familia. Jesús me espera a cada vuelta del camino de mi vida, en mi trabajo, en las personas que me rodean, en esas circunstancias, algunas felices y otras más duras que jalonan la vida de cualquiera. Pero en estos encuentros, degustas de manera especial lo que significa encontrarte con un Jesús esposo de la Iglesia, universal, joven, llena de fuerza y de esperanza.
Así que allá por el mes de noviembre nos hicimos voluntarios y empezamos a asistir y a participar en todos los encuentros de convivencia y formación de voluntarios, organizados estupendamente por la Comisión para las JMJ en la diócesis de Zaragoza. Ha sido (y seguirá siendo, porque esto no acaba aquí) una experiencia increíble. Aunque hemos sacrificado algunos fines de semana, y hemos pasado frío, y no sabíamos cómo saldrían las cosas, la verdad es que ha merecido ampliamente la pena. Así es Dios: le das un poquitín, y te devuelve mucho más. El día 27 despedimos la Cruz y el Icono como si se marcharan unos amigos, con un nudo en la garganta y las lágrimas casi asomando a los ojos, pero con la ventaja de que… ¡Cristo y su Madre no nos dejan nunca!
Los momentos más especiales que he vivido con la Cruz y el Icono han sido dos. Por un lado, cada vez que miraba la Cruz, en cada uno de los eventos que han tenido lugar, me ha impresionado pensar en la cantidad de gente que ha rezado ante ella: jóvenes  y mayores de tantos lugares del mundo, que la han tocado, besado, puesto ante ella su oración, sus preocupaciones, sus miedos y esperanzas. Y aunque sea durante unos pocos minutos, yo he contribuido a llevar ese peso, agradable peso, porque es Cristo quien lo lleva. Me he sentido un poquito “cirineo”.
El otro momento especial fue en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia: mientras los voluntarios sosteníamos la Cruz y el Icono, los fieles pasaban a besarla, y me conmovió profundamente ver la devoción de hombres y mujeres, jóvenes y mayores, que la besaban poniendo en ese beso un trocito de su alma. Y pensé que sería un símil de lo que tendría que ser mi vida de cristiana auténtica: permitir que otros se encuentren con Cristo a través de mí, de mis brazos que sujetan, de la donación de mi tiempo y de mis ganas, aportando lo que pueda, siendo transparente…

Foto: Alba Monaj
Otra cosa que quiero destacar y que ha sido muy bonita es la experiencia de trabajar codo con codo con voluntarios de distintos movimientos, parroquias o grupos, incluidas la colaboración con las Cofradías y los voluntarios del Ayuntamiento. Allí hemos estado todos a lo mismo, dispuestos a ayudar donde fuese necesario. Hemos hecho nuevos amigos y hemos podido experimentar que cuando trabajamos todos juntos pueden hacerse cosas grandes. Todos mirando en la misma dirección: mirando a la Cruz y los preciosos ojos de nuestra Madre.
Y lo mejor es que esto ha sido sólo el comienzo. En agosto de 2011 nos espera un verdadero reto: acoger a miles de jóvenes que vendrán a nuestra ciudad a vivir esta gran fiesta de la fe que son las Jornadas Mundiales de la Juventud, antes de marchar para Madrid. Allí estaremos, si Dios quiere, y espero que muchos más que os animéis a vivir esta experiencia con nosotros. “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe”.


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